“Viví muchas cosas a mi corta edad, que ayudaron a cambiar mi mentalidad”, reconoció hace días Martín Galván en una entrevista. El jugador de 27 años fue uno de los tantos futbolistas que de niños son etiquetados con el mote de “promesa”, y que por la presión de estar a la altura, terminan descarriando el tren que los llevaría a cumplir aquella ‘profecía’.
Galván debutó con Cruz Azul a los 15 años, 8 meses y 25 días. De la mano de Benjamin Galindo, el canterano se convirtió en el segundo jugador más joven en debutar en torneos cortos, solo por detrás de Víctor Mañón, del Pachuca. Corría el año 2008 y ya muchos aventuraban que había llegado a La Noria la nueva ‘perla’ del balompié azteca.
La indisciplina y una serie de actos desafortunados -producto de la edad y de la fama repentina- lo hicieron suspender de las categorías inferiores de la selección mexicana en plena concentración del equipo. El rumor llegó a los oídos de Cruz Azul, y allí se marcó lo que sería el futuro de un jugador que ya todos daban por perdido.
Después de que La Máquina le hizo la ‘cruz’, Galván deambuló por varios equipos del ascenso mexicano sin volver al nivel que se esperaba. Su mejor momento llegó cuando recibió una oferta del Salamanda UDS, de la tercera división de España. Su rendimiento en tierras ibéricas no pasó desapercibido en suelo azteca, y fue allí cuando el Juárez FC llamó a su puerta.
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“Quitarme la espinita de México”, llegó a decir sobre la nueva experiencia en la Liga MX. Ya con 27 años, y comandando los ataques de los ‘verdinegros’, Galván pareciera encarrilar de nueva cuenta un tren que parecía averiado y perdido. El pasado fin de semana, en la jornada 5 y con Cruz Azul en frente, el futbolista revivió aquel entonces cuando estaba llamado a ser ‘la estrella de los celestes’. “Valoro esta nuevaoportunidad”, dijo… la diferencia es que la tiene ahora en la acera del frente.
