La carrera de Jaime Ordiales como directivo lo llevó a convivir con escenarios completamente diferentes dentro del futbol mexicano. Uno de ellos fue Cruz Azul, donde la presión por conseguir resultados forma parte del día a día y prácticamente no existen temporadas en las que el campeonato no aparezca entre los objetivos.

Mucho más reciente fue lo ocurrido en Mazatlán, donde enfrentó una situación completamente distinta: trabajar en la conformación de un equipo mientras, al mismo tiempo, debía participar de su desmantelamiento ante la venta de la franquicia. Dos experiencias casi opuestas que ahora puso frente a frente.

Actualmente director deportivo de Selecciones Nacionales de México, Ordiales fue consultado durante una entrevista con Peloteando, de Claro Sports, sobre cuál de aquellos desafíos había resultado más complicado. Su respuesta dejó una interesante reflexión sobre lo que significa trabajar en Cruz Azul y la presión que acompaña a quienes toman decisiones deportivas en La Noria.

Jaime Ordiales explicó la exigencia de trabajar en Cruz Azul

Antes de elegir entre ambas experiencias, Ordiales se detuvo en una característica que, desde su perspectiva, distingue a La Máquina dentro del futbol mexicano: la obligación permanente de pelear por el campeonato. “Cruz Azul es un equipo que tiene que estar… Creo que Cruz Azul y América son los obligados siempre a ser campeones”, señaló el exdirectivo cementero.

Para Ordiales, esa exigencia no proviene únicamente de la historia y la grandeza de ambas instituciones. También aparece como consecuencia de los recursos disponibles y, fundamentalmente, de las expectativas que existen alrededor del club. “Las aficiones y directivas lo demandan, tu trabajo y las posibilidades económicas que te dan, lo demandan. Y armar un equipo para ser campeón siempre tiene su complicación”, explicó.

Jaime Ordiales pasó de armar un equipo competitivo en Cruz Azul a ser el último directivo de Mazatlán. (JAMMEDIA)

La declaración resulta especialmente significativa por su experiencia dentro de Cruz Azul. Ordiales conoce desde adentro una institución donde competir no suele ser suficiente: la expectativa está puesta en ganar títulos, con todo lo que eso implica al momento de construir un plantel y tomar decisiones.

De armar un Cruz Azul campeón a tener que desarmar a Mazatlán

Si en La Noria el desafío era construir un equipo capaz de responder a esa presión, su experiencia posterior en Mazatlán lo colocó frente a una problemática que nunca había atravesado. Ordiales explicó que no solamente debía pensar en conformar un plantel competitivo. Paralelamente, tenía que negociar la salida de jugadores debido a que la franquicia había sido vendida.

“Nunca había vivido el tener que, no nada más armar un equipo para competir, sino desarmarlo porque había que negociar a los jugadores lo más que se pudieran, porque estaba vendido el equipo”, relató.

La contradicción era evidente: mientras cualquier director deportivo trabaja pensando en fortalecer un proyecto, Ordiales debía realizar ese proceso sabiendo que, al mismo tiempo, tenía que desprenderse de futbolistas. “La realidad es que había que armar y desarmar a la vez”, resumió.

Mientras que al hablar de Cruz Azul puso el foco sobre la dificultad profesional que implica construir para ser campeón, su recuerdo de Mazatlán estuvo atravesado por una cuestión emocional. “Más que difícil, fue para mí en el ámbito futbolístico, triste. Lo sufrí mucho, el querer hacer algo y trascender cuando uno llega a una institución, pero se tomó una decisión de venta”, confesó.

¿Qué fue más difícil para Jaime Ordiales: Cruz Azul o Mazatlán?

Después de explicar las particularidades de cada experiencia, Ordiales finalmente respondió la pregunta. Y lejos de colocar una por encima de la otra, consideró que ambos desafíos tuvieron un grado similar de dificultad, aunque por razones completamente diferentes. “Te diría que los dos, no fue más uno que otro; la realidad es que son diferentes los conceptos y cuestan igual trabajo el uno como el otro”, concluyó.

La comparación permite entender dos extremos de la gestión deportiva. En Cruz Azul, Ordiales debía construir bajo la presión de ganar; en Mazatlán tuvo que administrar un proyecto condicionado por una decisión que excedía lo estrictamente futbolístico.