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Le iba a Boca, se mudó cerca del Ciudad de los Deportes y hoy es la DJ de Cruz Azul: “Mi papá eligió”

Vamos Azul dialogó con la DJ de La Máquina Cementera, quien nos reveló su historia de vida hasta llegar a La Noria.

Una charla que abordó muchos temas, en donde La Máquina fue el eje.
© IG SheidjofficialUna charla que abordó muchos temas, en donde La Máquina fue el eje.

La historia de Sheila Acuña, mejor conocida como DJ Shei, demuestra que muchas veces el futbol y la música terminan cruzándose de maneras inesperadas. Nació en Río Gallegos, Argentina, creció escuchando canciones de cancha, vivió una infancia marcada por Boca Juniors y llegó a México sin imaginar que algún día sería la encargada de ponerle ritmo a los partidos de Cruz Azul. Hoy, su imagen forma parte de la experiencia que viven miles de aficionados celestes cada vez que La Máquina juega como local, pero detrás de ese presente existe una historia de sacrificio, pérdidas, trabajo y una promesa familiar que terminó cumpliéndose muchos años después.

La DJ recibió a Vamos Azul para repasar un recorrido que comenzó con la decisión de su padre de emigrar en busca de un futuro mejor, continuó con una complicada adaptación a un nuevo país y desembocó en una carrera internacional que la llevó a escenarios como Tomorrowland, EDC y la final de la Concacaf Champions Cup. Sin embargo, cuando habla del club cementero, deja claro que ninguno de esos logros tiene el mismo significado que escuchar cantar a la afición o ver salir al equipo mientras suena la música que ella misma seleccionó.

Antes de tocar siempre pienso en mi papá. Yo sé que en otro momento él hubiera sido el que hubiera estado ahí“, confiesa. Esa frase resume una historia donde Cruz Azul terminó ocupando un lugar que, hace más de veinte años, parecía imposible de imaginar.

De Boca a Cruz Azul: la decisión que cambió el destino de toda una familia

Aunque hoy es una de las personas más identificadas con el ambiente que rodea a La Máquina, Sheila recuerda que en Argentina el futbol tenía un solo color dentro de su casa. Su padre era un apasionado del deporte, había pasado por las Fuerzas Básicas de Vélez Sarsfield antes de dedicarse por completo a la música y la familia vivía muy cerca de la cancha. Los domingos estaban reservados para el futbol, los cánticos sonaban durante toda la semana y Boca Juniors era una parte natural de la rutina familiar.

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Al mismo tiempo, la música ocupaba un lugar central. Su padre trabajaba como cantante y productor, hasta que una oportunidad cambió la vida de todos. Después de firmar con Universal Music gracias al éxito comercial de una versión pop de La Mano de Dios, decidió instalarse en México para desarrollar su carrera. La familia llegó meses después, en medio de la crisis económica que atravesaba Argentina tras el estallido social de 2001.

“Mi papá era productor y cantante. Siempre le gustó muchísimo el fútbol, incluso jugó en las Fuerzas Básicas de Vélez, pero terminó inclinándose por la música. Cuando surgió la oportunidad de venir a México decidió agarrar todas las cosas y traernos para acá. Ya después nos quedamos porque la situación en Argentina era muy complicada y acá él empezó a tener mucho trabajo”.

Aquella mudanza significó empezar completamente de cero. Ya instalados en la Ciudad de México, la familia se encontró con un problema inesperado: seguir a Boca Juniors ya no era tan sencillo. En aquella época todavía no existían las plataformas digitales ni la facilidad para ver partidos desde cualquier parte del mundo. Entonces ocurrió un momento que terminaría marcando el resto de la historia.

“Nosotros éramos bosteros. Vivíamos a unas calles de la cancha, todos los domingos veíamos fútbol y mi papá compraba los discos de La Barra Brava para escucharlos en la casa. Pero cuando llegamos a México ya no podíamos ver los partidos de Boca. No era como ahora que existe internet. Justo nos vinimos a vivir cerca del entonces Estadio Ciudad de los Deportes y mi papá dijo: ‘¿Saben qué? Le vamos a ir al Cruz Azul’. En ese momento estaba el Chelito Delgado y ahí nació el amor”.

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Lo que comenzó casi como una necesidad para volver a tener un equipo al cual seguir terminó convirtiéndose en una pasión genuina. Los partidos de Cruz Azul pasaron a ocupar el lugar que antes tenían los de Boca Juniors y el futbol volvió a reunir a toda la familia cada fin de semana. “Nos invitaban a la cancha porque quedaba muy cerca de la casa. Mi papá invitaba a sus amigos para ver los partidos y esa esencia nunca se perdió. Era el día del partido, el día del asado, el día de juntarse todos. El fútbol siempre fue algo muy importante para nosotros”.

La adaptación a México: un cambio que la marcó para siempre

Aunque el presente de Shei está completamente ligado a México, los primeros años fueron cualquier cosa menos sencillos. La mudanza ocurrió cuando atravesaba una etapa clave de su adolescencia y apenas dos semanas después de llegar ya estaba sentada nuevamente en un salón de clases. El golpe emocional fue mucho mayor de lo que imaginaba.

“Fue horrible. Llegué en julio y a las dos semanas ya estaba otra vez en la escuela. No tuve tiempo de procesar nada. Venía de dejar a mis amigos, a mi primer novio, estaba por hacer el viaje de egresados y de un día para otro cambió absolutamente toda mi vida”. Aquella sensación de desarraigo terminó reflejándose también en el rendimiento escolar. Le costó adaptarse al ritmo de vida, al acento y hasta a una cultura que, aunque compartía el idioma, le parecía completamente distinta.

“El primer año me llevé como diez materias porque yo le decía a mi mamá que no quería estar acá. Hoy lo veo distinto porque amo México, tengo un hijo mexicano y no me imagino cómo hubiera sido mi vida si no hubiéramos venido, pero en ese momento fue muy difícil. Yo quería volver todo el tiempo”. Con los años entendió el enorme sacrificio que habían hecho sus padres para darle una oportunidad diferente. También descubrió que la distancia fortaleció la relación con sus hermanos y consolidó valores familiares que todavía hoy considera fundamentales.

“Aprendí muchísimo de la unión familiar porque ellos fueron mi contención. Nunca nos despegamos. Quizá en Argentina cada uno tenía su grupo de amigos, pero acá nos tuvimos solamente a nosotros y eso nos hizo mucho más unidos”.

El golpe más duro: la muerte de su padre y el nacimiento de DJ Shei

Aunque desde pequeña convivió con la música e incluso participó en programas infantiles de televisión en Argentina, Sheila nunca había pensado seriamente en dedicarse profesionalmente a los escenarios. Su verdadero cambio de vida llegó en 2016, cuando su padre falleció apenas tres semanas después de recibir un diagnóstico de cáncer terminal.

“Fue todo muy rápido. En tres semanas tuvimos que aceptar que mi papá ya no iba a estar. Yo era la más grande y de un momento a otro me hice cargo de mis hermanos, de mi mamá, de mi hijo y de la casa. Si yo no trabajaba, no entraba dinero”. Ese contexto transformó completamente sus prioridades. Lo que inicialmente parecía un gusto terminó convirtiéndose en una necesidad.

Más que por gusto, empecé porque tenía que sacar adelante a mi familia. Nunca tuve tiempo de detenerme a pensar si estaba sufriendo o no. Simplemente me puse a trabajar”. Sin saberlo, esa decisión terminaría cambiando para siempre el rumbo de su vida profesional.

Del rechazo a los escenarios más importantes del mundo

Convertirse en DJ tampoco fue un camino sencillo. Sheila eligió el hard dance, un género dominado casi exclusivamente por hombres y que, en aquel momento, prácticamente no tenía representación femenina en Latinoamérica. Lejos de encontrar puertas abiertas, se topó con críticas desde su primera presentación. Aquella noche, organizada dentro de uno de los eventos que ella misma producía, terminó convirtiéndose en un momento bisagra.

“Tuve la mala y la buena suerte de subir a tocar en uno de mis eventos. Me puse súper nerviosa y no me salió bien. Se hizo viral, pero la gente me odiaba. Sentían que yo estaba ocupando un lugar que no me correspondía”. En lugar de abandonar el proyecto, decidió responder de la única manera que conocía: trabajando. Consiguió que una escuela de DJs le prestara el estudio después del horario de clases y durante un año convirtió ese lugar en su segunda casa.

Entraba a las seis de la tarde y me quedaba hasta la una de la mañana. Así estuve un año entero, de lunes a domingo. No podía pagar las clases, entonces trabajaba para ellos y, cuando cerraban, me dejaban las llaves para practicar sola”. El esfuerzo empezó a dar resultados mucho más rápido de lo que imaginaba. Apenas un año después ya estaba presentándose en EDC, uno de los festivales de música electrónica más importantes del planeta. Poco tiempo más tarde llegó la invitación para Tomorrowland, una experiencia única.

“Dejó de ser un juego. Empezaron a ofrecerme fechas por todos lados y entendí que tenía que tomarlo con el respeto que merecía. Después vinieron giras por distintos países y me di cuenta de que estaba viviendo algo que jamás había imaginado”.

El mensaje que Cruz Azul tardó años en responder

Mientras su carrera crecía, Sheila seguía insistiendo con un sueño que parecía imposible. Desde hacía tiempo escribía al club para ofrecerse como DJ en los partidos, convencida de que la música podía aportar una experiencia diferente para los aficionados. Sin embargo, durante años jamás obtuvo una respuesta.

“Yo les escribía y les escribía. Les decía: ‘Hola, soy DJ’, pero nunca me contestaban”.

La oportunidad apareció cuando Cruz Azul renovó parte de su estructura de marketing. Sheila fue invitada a conocer una nueva zona del estadio y aprovechó el momento para plantear una idea que llevaba mucho tiempo dando vueltas en su cabeza.

“Estaban haciendo un show de medio tiempo con un grupo musical y le pregunté al jefe de marketing: ‘¿No te interesa meter un DJ en el medio tiempo? Hagamos un espectáculo diferente’. Me dijo: ‘Sí, vamos a hacerlo para el próximo partido'”.

Aquel primer show fue apenas el comienzo. La respuesta de la afición convenció rápidamente al club de seguir apostando por el proyecto. Sin embargo, para Sheila todavía había margen para ir mucho más lejos. “Le pregunté cuánto tiempo antes abrían las puertas del estadio y me dijeron que tres horas. Entonces les propuse hacer una previa completa. Que la gente llegara antes, escuchara música, cantara, bailara y empezara a vivir el partido desde mucho antes del silbatazo inicial”.

La idea fue aprobada y terminó transformándose en una parte importante de la experiencia que hoy acompaña a Cruz Azul cada vez que juega como local. Lo que comenzó como una prueba terminó convirtiéndose en una tradición.

“La afición me adoptó”

Más allá de la aceptación del club, Sheila asegura que el verdadero examen era conquistar a la gente. Sabía que el futbol tiene códigos muy particulares y que cualquier cambio alrededor de un partido podía ser recibido con desconfianza. Sin embargo, ocurrió exactamente lo contrario.

“La afición me adoptó de una forma increíble. Hoy hay gente que me dice que espera el medio tiempo para verme o que llega temprano para disfrutar la previa. Intentamos que mi imagen fuera una con el equipo y creo que eso funcionó”.

Su objetivo nunca fue convertirse en la protagonista de la jornada, sino acompañar el ambiente que caracteriza a Cruz Azul. Por eso explica que cada playlist está pensada para alimentar el entusiasmo de la tribuna y no para desviar la atención del partido. “De mí depende que la gente llegue con ganas de cantar, de alentar y de pasarla bien. Esa responsabilidad la disfruto muchísimo. Lo más lindo es cuando bajo el volumen y escucho que todo el estadio sigue cantando solo. Ahí entendés que la música ya pasó a segundo plano y que el protagonista es el aficionado”.

Con el paso del tiempo, ese vínculo fue creciendo hasta trascender los partidos. Hoy es habitual que aficionados la reconozcan por la calle, le pidan fotografías o incluso le lleven camisetas de Cruz Azul para que las firme. “Lo que más me sorprende es el amor de la gente. Hace poco un niño me reconoció en un puesto de quesadillas, fue hasta el coche por su playera de Cruz Azul y volvió para que se la firmara. Que alguien me relacione con el club después de tantos años de haberles escrito para que me prestaran atención es algo que todavía me cuesta creer”.

El sueño que también era de su padre

Cada vez que toma el control de la cabina antes de un partido, Sheila vuelve inevitablemente al mismo recuerdo. Piensa en aquel hombre que decidió dejar Argentina para darle un futuro diferente a su familia y que, casi sin saberlo, fue quien la acercó a Cruz Azul. Por eso sostiene que su historia dentro del club tiene un valor mucho más profundo que cualquier logro profesional.

“Antes de tocar siempre pienso en mi papá. Él fue quien eligió a Cruz Azul cuando llegamos a México. Yo siento que este sueño no solamente me lo cumplieron a mí. También se lo cumplieron a él”.

La emoción aumenta cada vez que recuerda la final de la Concacaf Champions Cup. Aquella noche había sido contratada como parte del espectáculo oficial, por lo que debía mantener una postura imparcial durante el evento. Sin embargo, el desenlace cambió todos los planes.

“Mi show ya había terminado, pero cuando Cruz Azul salió campeón me empezaron a llamar por el radio para que volviera corriendo a la cabina. No tenía nada preparado. Puse ‘We Are The Champions’ y después mezclé con ‘Sweet Dreams’. Ver a los jugadores levantando la copa mientras toda la gente cantaba fue algo que nunca voy a olvidar. Todavía se me pone la piel de gallina cuando lo recuerdo”.

Para alguien que creció soñando con vivir el futbol desde la tribuna, terminar siendo parte de una celebración histórica de Cruz Azul representó mucho más que un logro profesional. “Ver a mi equipo campeón ya era increíble. Pero poder ponerle música a ese momento… eso fue un sueño cumplido”.

La pasión que mejor define a Cruz Azul

Después de varios años siendo parte de la experiencia que vive la afición en cada partido, Sheila Acuña tiene claro qué representa hoy Cruz Azul. No habla de títulos, de figuras ni de estadios. Para ella, hay una sola palabra que resume la esencia cementera.

Pasión. Creo que hoy eso es lo que mejor define a Cruz Azul. Vino de años muy complicados, pero la afición nunca dejó de estar. El querer al equipo en las buenas y en las malas, el seguir apoyando siempre, eso es lo que más representa al club”.

Ese sentimiento también aparece cada vez que cruza las puertas del Estadio Banorte, donde actualmente Cruz Azul disputa sus partidos como local. Aunque su función es hacer vibrar a miles de personas antes del encuentro y durante el medio tiempo, reconoce que sigue sintiendo exactamente lo mismo que cuando iba a la cancha solamente como una aficionada más.

“Estar ahí es estar en casa. Me llevo muy bien con toda la directiva, siempre me da gusto saludarlos cuando voy a las oficinas o al estadio, pero sobre todo siento que estoy en mi lugar. Es mi zona de confort”.

A lo largo de estos años también construyó una relación cercana con los dirigentes que apostaron por su proyecto desde el primer momento. Entre ellos aparece el ingeniero Víctor Velázquez, presidente del club, a quien agradece por haber respaldado una idea que terminó convirtiéndose en parte del espectáculo de Cruz Azul.

“Con el ingeniero nos conocemos desde hace tiempo. Muchas veces voy a las oficinas porque, aunque no siempre estoy presente en todos los partidos, sí participo diseñando algunos shows de medio tiempo. Siempre voy a estar agradecida con ellos porque fueron quienes autorizaron que siguiera formando parte del equipo”.

La música que hace vibrar al Estadio Banorte

Si alguien le pregunta cuál es la canción que mejor representa su historia con Cruz Azul, Sheila no necesita pensarlo demasiado. Aunque cada temporada aparecen nuevos éxitos y el repertorio se va renovando, hay un tema que siempre consigue provocar la misma reacción entre los aficionados.

“Hay una canción que me encanta, que es ‘Será porque te amo’. Yo hice un remix en hard dance y cuando explota esa parte del tema, con los fuegos artificiales, las luces y toda la gente saltando, siento que representa perfectamente lo que vivimos con Cruz Azul. Me da felicidad y al mismo tiempo mucha nostalgia”.

Cada torneo también incorpora nuevas canciones que terminan marcando momentos específicos del equipo. Así ocurrió con algunos temas durante la etapa de Martín Anselmi o con la música utilizada en el campeonato más reciente. Sin embargo, existe una composición que considera imprescindible antes de cada partido.

‘Amigos del Gol’ no puede faltar. Fue el himno de Cruz Azul hace muchísimos años y decidimos volver a grabarlo porque ni siquiera existía una versión con buena calidad. La hicimos exclusivamente para el estadio y cuando la gente la escucha enseguida recuerda al equipo. Quizá no todos la conocen, pero los aficionados de toda la vida la sienten muchísimo”.

Su trabajo también implica imaginar qué canción acompañaría cada momento perfecto dentro de un partido. Si dependiera exclusivamente de ella, la salida del equipo tendría un ritmo muy diferente al habitual.

Yo pondría una cumbia. Tienen que salir cantando, bailando y con toda la energía. La electrónica me encanta, pero para que los jugadores entren al campo creo que una buena cumbia funciona mejor”.

En cambio, si Cruz Azul marcara un gol agónico en una final, la respuesta cambia por completo. “Ahí sí me iría con algo de hard dance, algo mucho más explosivo. Que apenas entre la pelota la gente sienta una descarga de energía y el estadio se venga abajo”.

Y si llegara otro campeonato, tampoco tiene dudas sobre la banda sonora perfecta para la celebración.

“Me iría con la canción de Cristian Castro. ‘Azul’ representa totalmente al club. Todo el mundo se la sabe y creo que sería imposible no cantarla si Cruz Azul vuelve a salir campeón”.

Luka Romero, Rotondi y Piovi: sus favoritos del plantel

Aunque mantiene una relación cordial con el plantel, Sheila procura conservar cierta distancia para evitar malos entendidos. Explica que prefiere disfrutar el futbol desde el respeto y mantener una línea profesional con los jugadores, aunque eso no le impide tener algunos favoritos.

“Como mujer siempre intento cuidar mucho esa parte para que no se malinterpreten las cosas. Me gusta mantener esa línea de respeto porque al final yo estoy ahí para hacer mi trabajo”.

Cuando le preguntan por los futbolistas que más disfruta ver dentro de la cancha, la respuesta aparece rápidamente. “Hoy me quedo con Luka Romero, con Rotondi, que es mi señor, y con Piovi. Me encanta cómo se comunican, la conexión que tienen y la hermandad que muestran dentro del campo. Creo que eso ha sido una de las claves de este Cruz Azul”.

Incluso se anima a imaginar cuál de ellos tendría condiciones para convertirse en DJ:

Piovi tiene toda la pinta por la personalidad, pero si hablamos de alguien que realmente podría hacerlo, creo que Luka Romero sería un excelente DJ. Me ha tocado verlo en algunos lugares donde voy a tocar y sé que está muy actualizado con la música y con todo ese ambiente”.

Cuando mira hacia atrás, tampoco olvida a los futbolistas que despertaron su pasión por La Máquina durante sus primeros años en México. “El Chelito Delgado fue quien hizo que naciera ese amor por Cruz Azul. También me encantaba Tito Villa, sobre todo después de aquel triplete, y Lolo Faravelli, que siempre fue uno de mis favoritos”.

Una promesa para toda la afición

Después de haber vivido un campeonato desde el terreno de juego y de haber acompañado a Cruz Azul en algunos de sus momentos más importantes de los últimos años, Sheila ya tiene preparada una nueva promesa para los aficionados. “Si Cruz Azul vuelve a salir campeón, me voy al Ángel a tocar. Ya lo dije una vez y ahora sí quiero cumplirlo. Quiero que toda la gente vaya a cantar conmigo y celebrar otro título”.

La cercanía con la afición es, precisamente, una de las cosas que más la sorprenden desde que comenzó esta aventura. “Lo que más me impresiona es el amor incondicional que te dan. Hay niños que me reconocen en la calle, me llevan sus playeras para firmarlas o me dicen que llegan temprano al estadio para escuchar la música. Eso es algo que jamás imaginé cuando empecé”.

El sueño que todavía le falta cumplir

Después de presentarse en festivales como Tomorrowland, EDC o recorrer distintos países con su música, Sheila siente que todavía le queda una cuenta pendiente. No tiene que ver con un nuevo escenario internacional ni con otro festival de renombre. El sueño que más la moviliza está en el país donde nació.

Actualmente trabaja en un nuevo disco con canciones propias, mezcla el hard dance con sonidos del hyperpop y prepara una gira que espera iniciar muy pronto por distintas ciudades argentinas. Después de años construyendo su carrera desde México, considera que llegó el momento de presentarse ante el público que todavía la conoce poco.

Quiero ir a Argentina y demostrar todo el trabajo que hice durante estos años. Fui la primera mujer argentina en tocar en Tomorrowland, estuve en escenarios increíbles alrededor del mundo, pero siento que ahora quiero que mi país también conozca lo que hago”.

Cuando le preguntan cuál es el objetivo profesional que todavía le falta cumplir, no habla de premios ni de nuevos festivales internacionales. La respuesta vuelve a conectar con aquella niña que dejó Argentina siendo apenas una adolescente.

Mi mayor sueño es presentarme en un escenario grande en mi país y ver a la gente cantando mis canciones. Ahí sí creo que me desmayo. No porque valga más que todo lo que viví en México o en otros lugares, sino porque Argentina es mi tierra. Es un amor diferente”, concluyó Shei.

Su historia comenzó con una mudanza obligada, siguió con una elección futbolera que tomó su padre casi por casualidad y terminó convirtiéndola en una de las caras más reconocidas de la previa de Cruz Azul. Hoy, cada vez que toma la cabina antes de un partido, siente que ese recorrido cobra sentido. Y mientras miles de aficionados empiezan a cantar en las tribunas, ella sabe que, de alguna manera, también está cumpliendo el sueño que un día soñó su papá.

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