La historia de Rodrigo Astudillo con Cruz Azul quedó marcada por una promesa que nunca llegó a desarrollarse del todo. Llegó como un delantero en ascenso, con recorrido internacional temprano y títulos bajo el brazo. Sin embargo, su paso por La Máquina terminó siendo apenas un capítulo breve.
En charla con Vamos Azul, el ex atacante repasó un presente alejado de la alta competencia. Contó que hoy está “un poco apartado del fútbol”, aunque sigue ligado desde la conducción técnica. Esa faceta lo entusiasma desde hace años y representa su forma de mantener vivo el vínculo con el juego.
El cordobés obtuvo la licencia pro hace tiempo y aún sueña con dirigir a nivel profesional. “Es algo que me gusta, me apasiona”, explicó. Pero remarcó que hoy reparte su energía entre otros compromisos: “Tengo otros negocios en mi vida personal, con mi familia, mi señora y mis hijos”.
Uno de esos caminos paralelos es el negocio inmobiliario, que abrazó todavía como futbolista. “Mi señora es martillera y lo que uno iba ganando lo iba invirtiendo en propiedad”, rememoró. Actualmente impulsa un emprendimiento familiar de loteo: “Estamos por empezar un barrio con muchos lotes; estamos en eso”.
Su recorrido futbolero comenzó en Talleres, club ligado a su historia familiar. Debutó con 17 años, sumó un ascenso y celebró la Copa Conmebol antes de salir al exterior. Desde allí se dio su llegada al cementero, impulsada por su buen momento y por un interés concreto del club presidido por Billy Álvarez.
Astudillo explicó que él mismo empujó su salida en busca de continuidad y por dificultades de adaptación. “Fui muy joven, quizá no me adapté de la mejor manera”, aceptó. Recordó un gol a Pumas (dirigido por Hugo Sánchez) y un debut con dos tantos ante Toluca como sus momentos más gratos. “No pude dar mi máximo, pero estoy muy agradecido”, añadió.
Sobre su etapa en México, fue sincero. “Tenía un contrato de tres años y estuve poco tiempo“, reconoció. Aun así, valoró la experiencia y el trato recibido: “Me trataron muy bien; me hubiese encantado quedarme los tres años“, dijo, aunque el desenlace fue distinto al imaginado.
Su carrera luego de salir de Cruz Azul
Tras dejar La Máquina recuperó impulso en San Lorenzo, donde formó una relación duradera con Rubén Insúa y conquistó la Copa Sudamericana. Luego acumuló pasos por Perú, Chile y Colombia antes de cerrar su carrera en Argentina. Hoy divide su vida entre el desarrollo inmobiliario y su vocación de técnico, mientras mira aquella etapa celeste con una mezcla de aprendizaje y madurez.
