Cruz Azul vive uno de los momentos más ambiciosos de su historia reciente. La obtención de la Décima no solo rompió una larga espera, también terminó por consolidar una nueva forma de tomar decisiones dentro de la institución. En medio de la planeación rumbo al bicampeonato, Iván Alonso rompió el silencio y dejó definiciones que ayudan a entender el pasado… y sobre todo, el futuro.
Porque más allá de los títulos, en La Máquina parece haberse instalado una idea clara: los procesos pesan más que los resultados inmediatos. Y en ese marco, el nombre de Joel Huiqui empieza a tomar fuerza como algo más que una solución circunstancial.
Antes de entender por qué Huiqui gana terreno, es necesario mirar hacia atrás. La salida de Nicolás Larcamón es el punto de quiebre. El técnico argentino fue cesado cuando el equipo aún era líder general, con 65 puntos acumulados y a una jornada de iniciar la liguilla. Incluso con una racha negativa, la decisión sorprendió por el contexto.
Alonso fue claro al respecto: no se trató de resultados. Explicó que la percepción interna era que el desenlace podía repetirse, y que el club necesitaba modificar el rumbo para aspirar a algo distinto. Fue una decisión estructural, no reactiva. Ahí comenzó a tomar forma una nueva narrativa en Cruz Azul.
La clave de Joel Huiqui en Cruz Azul, según Iván Alonso
En ese escenario apareció Huiqui. Y lo hizo en el momento más delicado del torneo. Lejos de limitarse a lo táctico, Alonso destacó otro tipo de cualidades. El directivo puso el foco en la forma en que el exdefensor reconfiguró el funcionamiento interno: “Joel abrió espacio para poder trabajar en equipo, para poder escuchar, para poder obtener información de muchas áreas y grupos de interés que tiene la organización”.
Esa apertura, según Alonso, permitió algo que el club no había logrado capitalizar en procesos anteriores. “Creo que había una capacidad de aprendizaje y de experiencia dentro de la organización que hacía que ese sistema de disputa de Liguilla se debía de afrontar de una forma totalmente distinta”, añadió.
Bajo esa lógica, Huiqui no solo gestionó partidos. Interpretó el contexto, potenció recursos internos y alineó al grupo con una idea más integral. Y ahí es donde, puertas adentro, empieza a consolidarse como algo más que una solución de emergencia.
¿Por qué con Vicente Sánchez fue diferente?
El contraste aparece inevitablemente con Vicente Sánchez. A pesar de haber conseguido la Concachampions, su salida generó cuestionamientos. Sin embargo, Alonso fue tajante al explicar la decisión, dejando frases que marcaron su postura.
“Mi relación profesional con Vicente era idéntico a la que tuve con Martín (Anselmi)”, comenzó aclarando, antes de marcar el límite entre lo laboral y lo personal. “Después mi relación personal se pudo desgastar, es otra cosa”, añadió. Pero el punto más contundente llegó después.
“Yo no estoy en Cruz Azul para hacer amigos”, sentenció, dejando en claro el criterio con el que se toman decisiones dentro del club. A partir de ahí, Alonso expuso el fondo de la cuestión sin rodeos: “Yo no lo veía como un proyecto a largo plazo”.
Y cerró con una idea que define su gestión: “Fue una decisión que, si estás convencido de tomarla, el resultado no te puede condicionar”. Más allá de los títulos, el mensaje fue directo. En Cruz Azul, el proyecto está por encima de cualquier logro inmediato.
