Desde la mudanza de Cruz Azul a Puebla, tras la ruptura con la UNAM y la pérdida del Estadio Olímpico Universitario, el equipo cementero ha enfrentado una logística complicada y el descontento de su afición. Lo que parecía un cambio temporal se vuelve un dolor de cabeza cuando la atención se centra en el estado del césped del Estadio Cuauhtémoc.
El primer partido de Cruz Azul como local en Puebla frente a Atlas dejó en evidencia un terreno irregular, con trozos de pasto levantándose y jugadores resbalando. Nicolás Larcamón, desde la banca, tocó el césped y no dudó en expresar su preocupación: “Está terrible”. Un gesto breve, pero contundente, que puso en alerta a todos los involucrados.
Ahora, según reveló Carlos Ponce de León en diario Récord, el caos actual tiene un origen claro: el Gobierno de Puebla fue el que decidió cambiar el césped del Estadio Cuauhtémoc. La intención oficial era cumplir con los estándares de FIFA y que la ciudad pudiera ser elegida como basecamp (sede de algún seleccionado) durante el Mundial 2026.
El problema es que la obra se realizó sin consultar al club y coincidió con el inicio de la temporada, gastando más de 5 millones de pesos del presupuesto público. Como Ponce de León apuntó con ironía: “El Gobierno de Puebla hizo el cambio de la cancha justo para el inicio de la temporada, fregando el campo para Cruz Azul y Puebla… ¿y todo para qué?”.
El Gobierno de Puebla generó serios riesgos… ¿Y todo en vano?
A pesar del gasto y del esfuerzo por mejorar el terreno, la acción podría no dar frutos. FIFA es quien finalmente decide qué ciudades serán basecamp y, hasta ahora -siempre siguiendo a Ponce de León-, Puebla no figura como prioridad para ninguna selección. El resembrado, aunque necesario para cumplir con normas internacionales, no garantiza que alguna selección elija el Cuauhtémoc.
Además, la decisión se tomó sin medir las consecuencias inmediatas para los equipos que juegan allí. Cruz Azul y Puebla enfrentan ahora un calendario exigente, con partidos seguidos que no dejan tiempo suficiente para que el césped se asiente. Cada encuentro genera desgaste y aumenta el riesgo de lesiones.
El calendario salvaría a Cruz Azul de seguir sufriendo el mal estado del Estadio Cuauhtémoc
La ventana de partidos como visitante de Cruz Azul en febrero (frente a FC Juárez, Vancouver y Toluca) representa un respiro, ya que permitirá que el césped se asiente sin presión de juegos locales. Sin embargo, la incertidumbre sobre la viabilidad del estadio como sede continúa latente.
Cruz Azul volverá a jugar en el Estadio Cuauhtémoc el 12 de febrero contra Vancouver FC, por la Concachampions, y luego enfrentará a Tigres, Chivas y otros rivales locales. Este periodo permitirá que el césped alcance las ocho semanas de asentamiento necesarias para soportar la intensidad de los partidos y reducir el riesgo de lesiones.
