Mientras La Máquina ya piensa en un entrenador para iniciar un nuevo proyecto rumbo al Apertura 2026, existe un “conflicto” que tiene que ver con la toma de decisiones acerca de ese estratega y particularmente con el futuro de Iván Alonso. El arquitecto de ese modelo deportivo tiene un horizonte contractual mucho más corto y lleno de dudas. Incluso Vamos Azul pudo saber que el futuro del director deportivo de Cruz Azul sigue sin resolverse del todo, justo cuando el club debe tomar una de sus decisiones más importantes.
Elegir un entrenador es contratar una idea que viene de la dirección deportiva: ¿hacia dónde se quiere ir futbolísticamente? El problema es evidente: si a Iván Alonso le quedan seis meses de contrato y su continuidad no está garantizada, entonces la pregunta no es solamente quién llegará al banquillo, sino quién tomará realmente la decisión del nuevo DT de Cruz Azul y bajo qué criterios.
¿Se mantiene el proyecto deportivo o cambia el rumbo en Cruz Azul?
La gestión de Iván Alonso en Cruz Azul dejó una línea bastante reconocible en La Noria. Más allá de resultados, hubo una apuesta clara por perfiles metodológicos, entrenadores con estructuras definidas, técnicos con una fuerte impronta en la táctica y modelos de juego reconocibles. Martín Anselmi representó esa filosofía; Nicolás Larcamón, con matices, también encajaba en esa lógica. Cruz Azul intentó para construir desde una identidad.
Y en ese contexto sorprendió con la salida de Larcamón antes de la Liguilla. Más allá de que no se venía bien en lo numérico, esa ruptura mandó un mensaje nuevo: el club apostó por procesos, pero reaccionó con lógica de urgencia. Joel Huiqui quedó como interino para cerrar el Clausura 2026 e intentar ganar la décima estrella. Si lo logra, el debate se tornará mucho más ameno. Si no, el proyecto volverá a estar en el ojo de la tormenta.
El riesgo de apostar por un técnico más cortoplacista
Ahí aparece el segundo gran problema de Cruz Azul. Después de cortar a un entrenador como Nicolás Larcamón antes de la fase decisiva, el mensaje hacia afuera puede ser peligroso: la paciencia tiene límites muy cortos. Y eso suele empujar a las directivas hacia el mercado más conservador, ese donde abundan nombres de técnicos “probados”, con currículum pesado y fama de resultados inmediatos.
Pero el fútbol mexicano ha demostrado una y otra vez que contratar experiencia no garantiza estabilidad ni títulos. Quizás el último caso en Cruz Azul sea el del Tuca Ferretti. Un nombre fuerte puede dar tranquilidad mediática por unas semanas, pero no necesariamente continuidad deportiva. Cruz Azul debe decidir si la salida de Larcamón fue una excepción dentro del proyecto o el inicio de un cambio de paradigma. Porque si la salida del argentino marca el fin de la línea metodológica, entonces la gestión de Alonso perdería su filosofía fundamental.
La gran paradoja es esa: Cruz Azul necesita elegir un entrenador para el futuro mientras todavía no se sabe quién diseñará ese futuro. En otras palabras, quiere fichar al próximo líder del proyecto sin saber si el director que construyó el actual estará al frente más allá de diciembre.
El problema de La Máquina Cementera no es encontrar candidatos; nombres siempre habrá. El verdadero desafío es resolver primero quién tiene la legitimidad para elegirlos. ¿Confiará Víctor Velázquez en Iván Alonso para ese cometido a mediano o largo plazo?
