Cruz Azul atraviesa un mercado de fichajes que transmite algo más que movimiento: transmite intención. El Clausura 2026 aparece como un punto de inflexión para el proyecto de Nicolás Larcamón, con decisiones pensadas para competir desde la estructura y no solo desde el impacto mediático. En La Noria se respira ambición, pero también una planificación pensada para ganar.

Después de un semestre marcado por la irregularidad, la directiva entendió que el salto de calidad no podía ser parcial. El equipo necesitaba jerarquía, liderazgo y conexiones reales dentro del campo. Por eso, cada refuerzo puede entenderse como respuesta a una idea futbolística concreta, alineada con una visión clara del entrenador argentino.

En ese contexto, Cruz Azul comenzó a mirar hacia atrás para avanzar. No como un gesto de nostalgia, sino como una estrategia. Algunas sociedades del pasado no solo explican el juego, también pueden potenciar a futuro. Esa búsqueda se tradujo en sumar futbolistas que ya se entienden, que compartieron procesos, vestidores exigentes y contextos de presión. Allí aparece River Plate como un punto de partida inesperado, pero cada vez más relevante.

José Paradela y Agustín Palavecino, una sociedad que Larcamón conoce bien

El interés por Agustín Palavecino no es casual. Nicolás Larcamón lo dirigió, lo potenció y lo considera la pieza ideal para ordenar el mediocampo cementero. Su lectura de juego, regularidad y capacidad para conectar líneas lo colocan como un futbolista diferencial en la Liga MX.

A su lado, José Paradela aparece como un socio natural. Ambos compartieron etapa en River Plate y más tarde coincidieron en Aguascalientes, donde fortalecieron una relación futbolística y personal. De hecho, se mantienen en contacto y existe una amistad que facilita cualquier reencuentro.

Luego de su paso por River Plate, Paradela y Palavecino explotaron juntos en Necaxa. (Getty Images)

Para Larcamón, volver a juntarlos no solo significa calidad técnica. Significa fluidez, comprensión del juego y una conexión inmediata en una zona del campo donde Cruz Azul necesita soluciones urgentes.

El inesperado actor que potenciaría la sociedad en Cruz Azul con goles

La historia da un giro con la llegada de Miguel Ángel Borja. El delantero colombiano arriba a Cruz Azul con una trayectoria internacional y el rol de referente ofensivo. Pero Borja no solo suma goles. Su presencia abre una dimensión distinta en el relato.

Miguel Borja llega a Cruz Azul tras más de 3 años en River Plate. (Getty Images)

Tanto Paradela como Palavecino compartieron vestidor con él en River Plate, en una etapa donde el colombiano fue protagonista y líder ofensivo. Así, lo que parecía una simple operación de mercado empieza a tomar forma de reencuentro. Un tridente que ya se conoció en uno de los clubes más exigentes del continente volvería a encontrarse, ahora vestido de celeste.

¿Cuándo compartieron Borja, Palavecino y Paradela en River Plate?

Miguel Borja llegó a River Plate en julio de 2022 y permaneció hasta diciembre de 2025. Paradela había arribado en febrero de 2021 y se marchó en agosto de 2023, mientras que Palavecino llegó el mismo año y se quedó hasta julio de 2024.

Entre julio de 2022 y agosto de 2023, los tres coincidieron durante más de un año. En ese lapso disputaron 16 partidos juntos con la camiseta de River Plate, seis en 2022 y diez en 2023. Borja compartió 24 encuentros con Paradela y 47 con Palavecino, una cifra que habla de continuidad y entendimiento.

Los tres ex River Plate compartieron vestidor entre los veranos de 2022 y 2023.(Getty Images)

No se trata de una apuesta a ciegas. Existe un antecedente real, probado en un contexto de máxima exigencia, algo que Cruz Azul valora especialmente en este momento del proyecto.

¿Por qué podría funcionar esta sociedad en Cruz Azul?

Agustín Palavecino sería el cerebro operativo del equipo, el mediocampista encargado de ordenar, acelerar o pausar según el contexto del partido. Su lectura de juego permitiría que Cruz Azul no dependa exclusivamente de la inspiración individual, una de las grandes falencias del último semestre.

A partir de ahí, José Paradela aparece como el eslabón creativo liberado. Con Palavecino ocupándose de la base y la conexión, podría jugar más cerca del área rival, recibir entre líneas y enfocarse en lo que mejor sabe hacer: romper defensas con pases filtrados, asociaciones cortas y cambios de ritmo.

En ese escenario entra Miguel Borja como la pieza que completa el rompecabezas. El colombiano no es solo un definidor: es un delantero que fija centrales, ataca el primer poste, libera espacios y convierte en gol jugadas que antes quedaban inconclusas. Su presencia obliga a las defensas a retroceder y genera ventajas para los mediapuntas que llegan desde segunda línea.