A diferencia del futbol masculino, las diferentes categorías del femenil son más complicadas para trascender: falta de recursos, mucho menos visibilidad y hasta discriminación son moneda corriente. Esto de todas maneras no desalentó a la protagonista de la siguiente historia, hoy figura de Cruz Azul femenil.
Antes de ser referente en la defensa, la vida de Araceli Torres apuntaba hacia un pizarrón y un salón de clases. “Yo siempre decía que iba a ser maestra, que iba a ser no sé alguna otra cosa, porque pues si no estaba esta posibilidad y pues gracias a Dios se abrió la liga y se dio esta oportunidad”, confesó sobre sus inicios en diálogo con Espartanas MX.
Su relación con el balón comenzó como un juego de compañía, ocupando espacios donde el fútbol todavía no era para todos. “Como la mayoría, empecé en equipos de niños con mis hermanos, jugando. Al principio era delantera, de que me metía nada más por si hacía falta alguna jugadora. Había veces que ni siquiera tocaba el balón, pero ahí estaba corriendo y yo me divertía”.
Sin embargo, ese crecimiento deportivo no estuvo exento de prejuicios y voces que intentaban frenar su avance en la cancha. “Siempre está el caso de que, ay no, esa niña, ¿qué está haciendo ahí jugando con puros niños? ¿Por qué está esa niña ahí? Sáquenla o enfréntate a la niña, te la vas a llevar”, relata sobre aquellos años formativos.
Aquellas críticas, lejos de desanimarla, sembraron la semilla de una rebeldía necesaria para romper moldes y defender su lugar en el deporte. “Y así sí te hacía sentir como, pues, ¿qué tiene que ver que sea niña, sabes?”, concluyó al respecto una de las grandes figuras cementeras sobre el trato diferenciado que recibía.
Un sueño cumplido y camino por delante
Hoy, esa niña que corría para completar el equipo es una pieza inamovible en el esquema de la Máquina, cumpliendo un sueño que antes era impensado. La profesionalización le permitió transformar la incertidumbre en una carrera sólida, donde su voz y su juego ahora inspiran a las nuevas generaciones de futbolistas.
La historia de Torres es el reflejo de una liga que nació para dar refugio a quienes, como ella, no aceptaron un “no” por respuesta. De las burlas en el llano a la ovación en el estadio, su trayectoria demuestra que el talento termina imponiéndose sobre cualquier prejuicio antiguo.
