Ganar un título de Liga MX es difícil. Sostenerlo en el tiempo, aún más. Cruz Azul ya vivió en carne propia esa diferencia, y hoy, tras conquistar la Décima en el Clausura 2026, vuelve a pararse frente al mismo dilema que definió su historia reciente: construir una era… o desarmarla desde adentro.
Porque no es la primera vez que La Máquina toca la cima en los últimos años. En 2021, rompió esa racha de 23 sin el trofeo y todos en la nación cementera esperaban que fuera el click para iniciar un ciclo ganador. Pero lo que vino después fue todo lo contrario. En cuestión de meses, el equipo campeón comenzó a desintegrarse.
Jonathan Rodríguez, Orbelín Pineda, Luis Romo, Yoshimar Yotún, Roberto Alvarado. Nombres que habían sido columna vertebral salieron uno tras otro. Y el proceso no se detuvo ahí: en los siguientes torneos también se fueron Santiago Giménez, Pablo Aguilar, Jesús Corona y Julio César Domínguez, entre otros. La base campeona desapareció.
Las consecuencias fueron inmediatas. Cruz Azul pasó de campeón a un equipo irregular, sin identidad clara y lejos de competir por el título. La Novena, en lugar de ser el inicio de una era, terminó siendo un punto aislado.
¿Qué pasó tras la Novena que destruyó al equipo campeón?
La explicación no solo fue deportiva. También fue estructural. Como reveló Adrián Esparza, el problema comenzó puertas adentro: “Todo el mundo fue a pedir bonos y aumentos de sueldo y se volvió una situación insostenible… no se podía sostener la plantilla y se terminó vendiendo a todos”.
El éxito, mal gestionado, terminó rompiendo el proyecto. Y ese es el verdadero aprendizaje: Cruz Azul no perdió el rumbo por falta de talento, sino por no saber administrar la victoria.
La Décima vuelve a elevar el riesgo dentro de Cruz Azul
Hoy el contexto es distinto. La Décima no solo significó un título más, sino la consolidación de un proyecto. Desde fuera, voces como la de Javier Alarcón coinciden en que este Cruz Azul tiene bases más sólidas que aquel de 2021.
La diferencia está en la estructura. Iván Alonso ha construido un plantel con lógica, equilibrio generacional y perfiles definidos. “Hoy puede decir ‘yo sé el perfil, la edad, los roles de cada jugador’”, explicó Alarcón, respaldando una planificación que trasciende nombres propios.
Además, el equipo cuenta con una base joven que permite proyectar continuidad. A eso se suman jugadores en plenitud como Carlos Rodríguez y Rodolfo Rotondi, piezas clave que equilibran experiencia y rendimiento. El propio Alarcón lo resumió con una frase que resonó en todo el entorno cementero: “Este equipo debería de ser una dinastía”.
Y no es una idea descabellada. A diferencia del pasado, hoy Cruz Azul no parece depender de individualidades aisladas, sino de una estructura que puede sostenerse en el tiempo. Además, el contexto institucional es diferente, con el proyecto del uruguayo que resistió a dos años y medio de acariciar el trofeo para finalmente conseguirlo.
La decisión que definirá el futuro de Cruz Azul
Pero el riesgo sigue ahí. Porque el fútbol, como ya lo demostró la historia reciente del club, no perdona errores repetidos. El gran desafío tras la Décima será la gestión de la plantilla y el mensaje desde la directiva debe ser claro: resistir la tentación de romper su propio equilibrio.
Mantener a jugadores clave como Rodolfo Rotondi, Willer Ditta o Charly Rodríguez no es solo una decisión deportiva, es una declaración de proyecto. Es apostar por la continuidad en lugar de la reacción.
En este sentido, el rol de la directiva vuelve a ser determinante. Víctor Velázquez ya demostró que puede tomar decisiones valientes en un momento límite, como el cese de Larcamón y la apuesta por Joel Huiqui a días de la Liguilla. Movimientos que, en su momento, parecían arriesgados y terminaron siendo clave para el título.
Pero si aquella fue la gestión del riesgo, ahora llega el desafío más complejo: gestionar el éxito. Porque la Décima no puede ser un punto de llegada. Tiene que ser el punto de partida. Cruz Azul no está obligado a vender, ni a reinventarse. Está obligado a sostener. A entender que, por primera vez en mucho tiempo, tiene todo para dominar. La historia ya le mostró qué pasa cuando no lo hace…
