Cruz Azul comenzó el Clausura 2026 envuelto en una sensación incómoda que va más allá del resultado dentro de la cancha. La falta de un estadio propio volvió a colocar al club frente a una realidad que se arrastra desde hace años y que, esta vez, golpeó de lleno a su gente.
Encontró en el Estadio Cuauhtémoc de Puebla su cancha, pero perdió cercanía. La mudanza implicó salir de la Ciudad de México y romper una dinámica que había permitido sostener una presencia constante de aficionados en cada partido como local.
Puebla se convirtió así en la nueva casa cementera, aunque lejos del corazón celeste. No solo por la distancia geográfica, sino por el esfuerzo adicional que ahora deben hacer miles de seguidores para estar en la tribuna. Ese desgaste silencioso, acumulado en tiempo y dinero, comenzó a reflejarse desde el primer partido ante Atlas, cuando mostró más espacios vacíos que banderas azules.
El sacrificio del aficionado: tiempo y dinero para seguir a La Máquina
El cambio de sede impactó fuertemente en el eslabón más fiel de la cadena: el aficionado. Para miles de seguidores que viven en la Ciudad de México y su zona metropolitana, asistir a un partido de Cruz Azul como local dejó de ser un plan accesible y espontáneo.
El trayecto hasta Puebla implica recorrer más de 130 kilómetros por carretera. En condiciones normales, el viaje demanda poco más de dos horas, aunque el tráfico puede estirarlo fácilmente hasta tres o más. A eso se suma el costo económico: más de 400 pesos únicamente en peajes, sin contemplar gasolina, estacionamiento ni boletos.
Ese esfuerzo quedó expuesto en la previa del duelo ante Atlas, cuando el reportero César Caballero documentó el gasto y el tiempo necesarios para llegar al Estadio Cuauhtémoc desde la capital. El dato fue contundente y puso en palabras una realidad que muchos aficionados ya venían sintiendo: seguir a Cruz Azul ahora cuesta más que nunca.
El impacto de la mudanza a Puebla en el Cruz Azul vs. Atlas
En el estreno de Cruz Azul como local en Puebla, apenas 7,519 espectadores se hicieron presentes en el Estadio Cuauhtémoc. Ese número fue el más bajo de toda la Jornada 2 del Clausura 2026. No obstante, vale destacar que la escasa convocatoria no responde a una sola causa, sino a la acumulación de varios factores que terminaron pesando más que la pasión.
El primero fue el día: se disputó un miércoles, en plena jornada laboral, lo que limita de entrada la posibilidad de viajar fuera de la ciudad. A eso se sumó un horario poco amigable: las 17:00 horas, cuando muchos aficionados aún se encuentran trabajando o regresando a casa.
La distancia y los costos hicieron el resto. Más de dos horas de traslado por tramo y un gasto elevado convierten la experiencia en una inversión de tiempo y dinero difícil de sostener partido tras partido. Incluso para quienes están dispuestos a hacerlo, no siempre es viable.
