Cruz Azul vuelve a comenzar un torneo con una sensación incómoda que va más del rendimiento deportivo. Tras la negativa de la UNAM a renovar el contrato del Estadio Olímpico Universitario, en La Noria se quedaron sin margen de maniobra a días de comenzar su participación en el Clausura 2026.
La directiva tuvo que resolver en cuestión de horas y el Estadio Cuauhtémoc apareció como solución para no quedar en el aire. Así, el equipo de Nicolás Larcamón saldrá de la Ciudad de México para todo el semestre. La decisión solucionó lo urgente, pero abrió un nuevo frente de problemas.

ver también
Exhiben a Víctor Velázquez sobre su promesa con el estadio de Cruz Azul que nunca cumplió
Esta situación cambia rutinas, planificaciones y dinámicas que se habían consolidado. Ya no solo se competirá contra los rivales: también hay que adaptarse a una logística que empuja a jugar cada semana como un visitante encubierto. Esa realidad, según se reveló en las últimas horas, habría generado un fuerte malestar interno que atraviesa a jugadores, cuerpo técnico y áreas administrativas.
Jugadores al límite: desgaste, familias y un golpe deportivo silencioso
Adrián Esparza Oteo expuso en su canal de YouTube lo que se comenta puertas adentro del club. Tras publicar el cambio de estadio, comentó la respuesta inmediata y contundente de un futbolista cementero: “Qué mala onda, porque es un desgaste físico tremendo. Además, ¿quién piensa en las familias, en desplazarse?”.
El punto más sensible apareció después: “Van a perder un día, una sesión prácticamente, previo a cada partido”, explicó. Si Cruz Azul juega de noche, el equipo debe elegir entre dormir en Puebla o regresar de madrugada por carretera.
“Si se regresan, llegan a las cuatro o cinco de la mañana. Ese día ya está perdido”, detalló Esparza. A eso se suman los riesgos del trayecto y los retrasos habituales: “No son dos horas. Con tráfico te haces tres o tres y media. Y si pasa algo, seis”.
El problema no es aislado. En un semestre con Liga MX y Concacaf, y con un calendario comprimido por el Mundial, el cansancio se acumula. “Alguien de dentro me dijo: ‘Para la jornada 12 o 13 vamos a estar fundidos’”, reveló. Por eso, la mudanza no se percibe solo como un ajuste logístico, sino como “un madrazo deportivo” para el equipo.

Nicolás Larcamón enfrenta un semestre cargado de exigencias y ahora debe sumarle otro obstáculo. (Imago7)
Larcamón y el cuerpo técnico: presión máxima en el semestre más exigente
El impacto también alcanza al banquillo. Según Esparza, Nicolás Larcamón y su cuerpo técnico “seguramente están muy molestos”. No es para menos: Cruz Azul jugará todo el torneo fuera de la Ciudad de México, con viajes constantes y menos tiempo efectivo de trabajo.
“Si de Nicolás Larcamón hemos hablado que tiene presión para este semestre, pues ahora auméntale pues que juegues de visitante todo el tiempo“, comentó.
La exigencia, sin embargo, no se reduce. El club necesita resultados y títulos. “Entiendo que se le exija el campeonato, pero también va a jugar de visitante todo el semestre”, apuntó el periodista. La presión aumenta y el margen de error se reduce, en un contexto que no ayuda a sostener regularidad.
El impacto invisible: administrativos, logística y un club sin centro fijo
La mudanza a Puebla no afecta solo al primer equipo. El área administrativa también carga con el cambio. “Imagínate, hay que estar yendo a Puebla cada rato”, reveló Esparza que le comentaron. A eso se suma que la rama femenil del club juega en Cuernavaca, mientras el plantel entrena en la capital.
“El Cruz Azul de hoy solo entrena en Ciudad de México. Juega en Puebla y en Cuernavaca. Es un equipo de otros estados”, resumió. Una frase que refleja la desarticulación interna que provoca no tener una casa fija.





