Cruz Azul ya no es el mismo de hace apenas unas semanas. La eliminación de Concachampions y la sequía de triunfos también en la Liga MX terminó por confirmar una sensación que venía creciendo en silencio: el equipo perdió solidez en el momento más importante del semestre.

Aunque el boleto a la Liguilla del Clausura 2026 está asegurado, en La Noria hay inquietud. No por lo que ya pasó, sino por lo que puede venir. Porque más allá de los resultados, lo que quedó expuesto es un problema más profundo: la planificación deportiva en los mercados de pases.

Las críticas no tardaron en aparecer, y una de las más contundentes fue la reciente de Javier Alarcón, quien apuntó directamente a la construcción del plantel. “¿Por qué Cruz Azul apostó por un equipo corto? Y cuando apuestas por un equipo corto, este tiene que ver con: a ver, tengo una banca en donde no hay seis de gran nivel, hay tres buenos, ¿no? Y los vas combinando”, explicó.

La advertencia de Tito Villa y los mercados de pases que vienen

El semestre dejó algo más que resultados irregulares: dejó enseñanzas. Cruz Azul debió entender —a la fuerza— que no puede improvisar salidas clave sin tener reemplazos listos, ni apostar a incorporaciones de último momento. También queda claro que la profundidad del plantel no es un lujo, sino una necesidad. La competencia interna debe elevar el nivel, no limitar las opciones.

En medio de este contexto, la voz de Emanuel Villa aportó una mirada clave hacia el futuro inmediato. “Hoy, por H o por B, Cruz Azul ya no tiene la CONCACAF… no sé si habrá que empezar a pensar seriamente en los mercados invernales, en a lo mejor ampliar un poquito la plantilla, sobre todo por esta circunstancia”, reflexionó.

Después del mercado de verano, el primer semestre se juega Leagues Cup nada más. Se viene jugando siempre las primeras dos o tres jornadas de Liga, después entra Leagues Cup de por medio y se viene el resto del torneo”, añadió, argumentando su postura.

Mercados desprolijos y fichajes cuestionados

El último mercado de pases terminó de evidenciar las fallas estructurales. Salidas sensibles como las de Nacho Rivero, Lorenzo Faravelli y Ángel Sepúlveda debilitaron el vestidor y el funcionamiento colectivo.

Iván Alonso y Nicolás Larcamón quedaron marcados por la planificación del equipo. (Imago7)

A esto se sumó la frustrada llegada de Miguel Borja y la incorporación tardía de Nicolás Ibáñez y Christian Ebere, decisiones que generaron ruido más por el contexto que por los nombres. Además, fichajes como Giorgos Giakoumakis y Mateusz Bogusz quedaron bajo la lupa por no rendir acorde a la inversión realizada. La sensación es clara: faltó coherencia y planificación.