Cruz Azul pasó en cuestión de días de la incertidumbre total a convertirse en protagonista absoluto del Clausura 2026. La salida de Nicolás Larcamón parecía abrir un escenario complejo, pero lo que vino después fue todo lo contrario: un equipo revitalizado, competitivo y con una identidad clara en plena Liguilla.
En ese giro inesperado aparece Joel Huiqui, una figura que ya conocía la estructura del club, pero que asumió en un contexto límite. Con poco tiempo de trabajo, el ahora entrenador interino no solo logró resultados, sino algo más difícil: reconectar al equipo con su mejor versión en el momento más importante del torneo.
El impacto fue inmediato. Jugadores como Rodolfo Rotondi recuperaron protagonismo en posiciones más ofensivas, mientras que Charly Rodríguez volvió a ser el eje del funcionamiento. A nivel colectivo, el equipo dejó atrás la rigidez para transformarse en un conjunto más dinámico, con mayor profundidad y variantes.
Analistas y especialistas coincidieron rápidamente en que no se trató de una casualidad. Desde los ajustes tácticos hasta las decisiones puntuales (como apostar por Kevin Mier o adaptar el sistema sin Erik Lira), todo apuntó a una lectura clara del plantel y del contexto competitivo.
Las claves de Huiqui para transformar a Cruz Azul
En el día de medios previo a la final ante Pumas, el propio Huiqui explicó qué hay detrás de este cambio que hoy ilusiona a toda la afición cementera. “Fue muy simple. Nuestra intención, básicamente, fue el acercamiento individual con los jugadores. Escucharlos sobre cómo se sentían, saber qué necesidad tenían“.
“Y lo importante fue la forma, el conocimiento de cada uno de los jugadores: los conozco a todos prácticamente, algunos un poco menos. La tarea fue acercarme a ellos, preguntarles lo que venían haciendo, conocía el trabajo del técnico anterior y simplificar las cosas: la forma, el modelo, las posiciones y prácticamente el equipo jugó bien”, resaltó.
Las decisiones simples con impacto total en el campo
El discurso del entrenador no se queda en lo conceptual. Tiene un correlato directo en lo que se vio en la cancha. La decisión de adelantar a Rotondi, por ejemplo, no solo potenció al argentino, sino que transformó el ataque celeste, dándole profundidad y gol en momentos clave.
A esto se sumó una estructura más flexible, capaz de adaptarse según las ausencias (como la de Lira) sin perder funcionamiento. Lejos de sostener un sistema rígido con una línea de tres en el fondo, Huiqui lo rompió en función de sus piezas disponibles, adelantando a Amaury García a la contención, algo que también fue destacado por analistas como una de sus principales virtudes.
Incluso en detalles puntuales, como la permanencia de Kevin Mier en la portería o el reordenamiento del mediocampo, el equipo encontró estabilidad y confianza. También la presencia de Omar Campos en su perfil natural y el tándem con Rotondi por el carril izquierdo, y la aparición de Rodarte por derecha.
