Cruz Azul encaraba el Clausura 2026 con una carencia evidente: la falta de un delantero de jerarquía que elevara la competencia en el equipo. La búsqueda era prioritaria y atravesaba toda la planificación del torneo. Miguel Ángel Borja apareció como la respuesta ideal a esa necesidad. Su posible llegada generó ilusión inmediata. La directiva avanzó y el escenario parecía encaminado
El ex River Plate arribó a la Ciudad de México el 29 de diciembre de 2025 con etiqueta de refuerzo inminente. Se puso a disposición, comenzó los trámites necesarios y aguardaba la resolución final para firmar el contrato. Sin embargo, los días comenzaron a pasar sin anuncio oficial. No fue presentado, no fue registrado en la Liga MX y se entrenaba de manera individual.

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En ese contexto, la sensación de estar viviendo otra novela en La Noria comenzó a instalarse con fuerza. Expectativa, silencio, demoras y versiones cruzadas: un guion que la afición celeste conoce demasiado bien. La falta de definiciones, sumada a su ausencia en las primeras jornadas, habría desgastado una negociación que nunca terminó de destrabarse y empezó a generar ruido tanto en el club como en la afición.
La historia tuvo su punto de quiebre este martes. Según pudo conocer Vamos Azul a través de su colaborador Gerardo González, en el interior del club ya dan por caído el fichaje de Miguel Borja. Además, una fuente confirmó que el delantero colombiano se marchó rumbo al aeropuerto de la Ciudad de México con todas sus pertenencias, una señal que se interpreta como el quiebre definitivo con Cruz Azul.
Los motivos que habrían tumbado el fichaje de Miguel Borja
Antes de que se conociera la última información, ya habían salido a la luz los factores que mantenían la operación en un punto crítico. Durante los últimos días, distintas fuentes coincidían en que la negociación con Miguel Borja estaba lejos de estar cerrada, pese a la presencia del jugador en la Ciudad de México.
Uno de los principales focos de tensión habría sido el acuerdo económico, especialmente en lo referido a bonos y cláusulas específicas del contrato. Estas diferencias explicarían por qué, a más de dos semanas de su llegada, el colombiano no había sido presentado ni registrado oficialmente por Cruz Azul.

Miguel Borja estuvo más de dos semanas entrenándose individualmente a la espera de Cruz Azul. (Getty Images)
A ese escenario se le sumó un problema administrativo que ya era conocido: los cupos de No Formado en México. Con Mateusz Bogusz y Camilo Cándido aún dentro del plantel, el club no podía avanzar con el registro ante la Liga MX, una traba que condicionó toda la operación desde el inicio.
Además, puertas adentro se señalaba incomodidad por la forma en la que se había llevado adelante la negociación, con la intervención de terceros y un camino que no fue el habitual. Todos estos elementos ya estaban presentes antes del desenlace, y terminaron de erosionar una relación que nunca logró encaminarse.
La afición de Cruz Azul, entre el enojo y el hartazgo por la novela con Borja
La confirmación del desenlace no hizo más que profundizar un malestar que ya venía creciendo. En redes sociales, muchos aficionados interpretaron el caso Borja como otro síntoma de desorden institucional, una historia que se repite mercado tras mercado y que desgasta la paciencia del hincha.
La ironía y la resignación marcaron buena parte de las reacciones, con mensajes que apuntaron directamente a la gestión y a la falta de planificación. Para muchos, el problema ya no pasa por un nombre propio, sino por la incapacidad del club para cerrar operaciones clave cuando más las necesita.





