El inicio del 2026 ha traído un cambio que duele en La Noria. Cruz Azul sufrió algunas modificaciones en su plantilla para el Clausura, con refuerzos de peso, pero también con despedidas que dejaron un vacío emocional y deportivo. La salida de Ignacio Rivero a Xolos de Tijuana no es solo la partida de un jugador; es la despedida de un líder histórico que refleja la identidad cementera.

Nacho no era solo el gran capitán de Cruz Azul: era la voz del vestidor y el referente en cada entrenamiento y partido. Su liderazgo se reflejaba en el orden, el empuje y la entrega absoluta en el campo. Como él mismo dijo al despedirse: “Es una sensación rara dejar Cruz Azul porque ya son varios años los que defendí el club… me entregué en cuerpo y alma”.

A lo largo de su estadía, se ganó el respeto de compañeros y rivales por su compromiso y profesionalismo. Sus cuestionamientos hacia algunas decisiones de Nicolás Larcamón, aunque discretos, evidenciaban su carácter fuerte y su preocupación por el funcionamiento del equipo, algo que la directiva respaldó con la decisión de renovar su plantilla. Su salida, junto con otras como Ángel Sepúlveda y Lorenzo Faravelli, marca un punto de quiebre.

Cruz Azul perdió a su gran capitán a pocos días de que iniciara el Clausura 2026. (Imago7)

Con la partida del uruguayo, surge una pregunta clave: ¿quién llevará la cinta de capitán? Todo apuntaba a que Andrés Gudiño tome el rol, aunque Erik Lira lo llevó ante León y Charly Rodríguez también es candidato. Más allá del gafete, el reto será mantener el espíritu competitivo y la cohesión que Rivero imprimía en cada entrenamiento y partido.

¿Qué pierde Cruz Azul con la partida de Nacho Rivero?

Una polifuncionalidad que permitía muchas soluciones

La versatilidad era una de sus armas más valiosas. A lo largo de su paso en La Máquina, Rivero jugó como lateral en ambas bandas, mediocampista ofensivo, extremo, contención y hasta de zaguero. Esta polifuncionalidad no solo daba opciones tácticas a los entrenadores, sino que también permitía adaptarse a distintas necesidades durante los partidos.

Sebastián Abreu, su actual DT en Xolos, destacó: “Puede jugar de doble cinco, de lateral, de extremo… Lo visualizamos para que juegue en el medio campo, que nos pueda dar esa conexión entre la defensa y el ataque”. Para Cruz Azul, perder esta capacidad de ajuste significa dejar de contar con un comodín estratégico que aportaba seguridad y soluciones instantáneas en distintos momentos.

La cuota goleadora que extrañará La Máquina

Además de su liderazgo y versatilidad, Nacho Rivero dejó su huella en las redes. Con 27 goles y 19 asistencias en 236 partidos con Cruz Azul, su aporte ofensivo era significativo. En 2025, quedó como el tercer máximo anotador del equipo con 12 goles, solo detrás de Ángel Sepúlveda y Gabriel Fernández.

El último gol que marcó Rivero en Cruz Azul fue para ganar el Clásico Joven ante América (Getty Images)

Desde la táctica fija hasta la llegada inesperada al área rival, Rivero se convirtió en un recurso ofensivo confiable, algo que La Máquina deberá compensar de cara al Clausura 2026. Su capacidad para marcar la diferencia en partidos cerrados era un valor agregado que ahora desaparece de la plantilla.