En el fútbol mexicano hay una regla que casi nunca falla: los jugadores ganan los títulos y los directivos firman los fracasos. Pero seamos honestos, la historia de este Clausura 2026 tiene un asterisco gigante. La ansiada décima Liga MX de Cruz Azul no solo se sudó en la cancha. Se gestionó desde las oficinas de La Noria con un par de decisiones que, en su momento, fueron discutibles o parecían difíciles de lograr. Víctor Velázquez se jugó el cuello y terminó ganando el campeonato.

El cese de Larcamón y la apuesta por Joel Huiqui

Hagamos memoria de cómo estábamos a una semana de cerrar el torneo. Echar a Nicolás Larcamón a nada de la Liguilla, más allá de la racha que arrastraba en sus últimos partidos, no presentaba garantías y generó debate, aunque no había nada que perder con el cambio. Con los resultados a la vista resulta fácil, pero fue una jugada que no está en los manuales.

Y la directiva apostó por poner a Joel Huiqui de interino, un hombre de la casa que no traía buenos resultados con la Sub-21, junto a Sergio Pinto y otros hombres de la institución. Y el DT hizo exactamente lo que pedía a gritos el equipo: ordenar, poner a los jugadores en su posición, sin inventos tácticos y apelando a recuperar la memoria competitiva. Sí, el crédito de la décima en la cancha es de Joel por levantar anímicamente al grupo, y de los propios jugadores, pero el que tuvo el valor de apretar el botón de pánico fue el presidente.

Jugar en la CDMX: El campeonato de pantalón largo

Pero si el cambio en el banquillo fue una maniobra arriesgada (y acertada), lo que pasó en las oficinas de la Liga MX fue un logro completamente necesario que le brindó a todo Cruz Azul las condiciones que necesitaba en la Liguilla.

El exilio en el Estadio Cuauhtémoc de Puebla estaba perjudicando a los jugadores. Tomar la carretera cada semana, jugar en una cancha fría y tener a una afición —con justa razón— desconectada y molesta, era insostenible. No se podía pelear un título en esas condiciones.

Huiqui en el Ciudad de los Deportes en la semifinal, algo impensado al inicio del Clausura 2026. (Imago 7)

Ahí Velázquez dio un manotazo en la mesa. Negociar el regreso a la capital, con la presión de la FIFA encima por la entrega de estadios para el Mundial, era una tarea difícil. Primero, amarraron el Estadio Banorte para la última jornada y aguantaron esa localía en cuartos de final. Cuando parecía imposible, el viejo estadio Azteca se pudo usar también para la semfinal con Chivas, al filo de la entrega para la Copa del Mundo. Ese respiro fue otro factor a favor para el plantel. Se acabaron los viajes, hubo más descanso y, sobre todo, se reencontraron con su gente.

El jaque mate fue la aprobación para usar al Estadio Ciudad de los Deportes. Volver a la casa histórica para los partidos definitivos reventó el ánimo cementero para bien. La ida y la vuelta se jugaron en el viejo Estadio Azul y posteriormente en Ciudad Universitaria, el último inmueble donde La Máquina había sabido consagrarse. Razones que podían presagiar algo bueno…

La gloria también se gestiona

Hoy vemos las fotos de los jugadores levantando la copa y es lo justo, son quienes más merecían coronar el esfuerzo realizado. Si miramos un poco más allá, es innegable el factor Velázquez en la obtención de este título. A veces, las decisiones más impopulares son las únicas que te acercan a la gloria. Y esta vez, la oficina no falló.