La espera terminó y Cruz Azul iniciaba el Clausura 2026 con la ilusión renovada hacia la Décima. Tras un semestre anterior que terminó decepcionando, el arranque del torneo representaba mucho más que tres puntos: era una prueba de carácter para el proyecto de Nicolás Larcamón y una oportunidad para reconciliarse con una afición exigente.
El contexto no era sencillo. La Máquina llegaba con presión, con movimientos recientes en el plantel y con la obligación de mostrar señales claras de evolución futbolística. Durante buena parte del primer tiempo, el desarrollo fue parejo. Cruz Azul intentó adueñarse del balón y manejar los tiempos, mientras que León aguardó con orden para explotar los espacios.

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La jugada más clara antes del descanso fue celeste, cuando Rodolfo Rotondi estuvo a centímetros de firmar un golazo que terminó impactando en la red lateral, dejando la sensación de que el equipo estaba cerca de abrir el marcador. Sin embargo, el fútbol no perdona los descuidos. Apenas minutos después de esa ocasión desperdiciada, León devolvió el golpe con una jugada colectiva que encontró a la defensa de Cruz Azul completamente desacomodada.
La transición fue rápida, precisa y letal, exponiendo una fragilidad que ya había dado señales de alerta en partidos anteriores. La zaga quedó mal parada y obligó a una corrección de emergencia. Jorge Sánchez abandonó su zona para resguardar la última línea, pero lo hizo sin convicción ni firmeza.
Fernando Beltrán leyó la situación a la perfección, lo encaró y lo superó con facilidad, dejando al descubierto una falla que terminó siendo determinante. El movimiento de Sánchez no solo fue tardío, sino que además provocó la pérdida de referencia sobre Ismael Díaz, a quien venía marcando previamente. El atacante quedó solo sobre el borde del área y definió cruzado, sin que Gudiño pudiera evitar la caída de su arco.





