Cruz Azul atraviesa uno de sus momentos más delicados del semestre. Lejos de la solidez que mostró en otros pasajes del Clausura 2026, La Máquina se ha ido apagando entre resultados que no llegan y sensaciones que preocupan. El empate ante Querétaro en La Corregidora no solo extendió la racha negativa, sino que dejó una postal que resume a la perfección la crisis celeste.

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El reloj marcaba el minuto 96. Cruz Azul tenía en sus pies la victoria en una jugada prácticamente hecha. El balón, servido por Luka Romero, quedó a centímetros de la línea, listo para ser empujado y desatar el grito de gol. Pero lo impensado ocurrió.
Gabriel Fernández, en su intento por asegurar la anotación, terminó por arruinar la acción. En lugar de empujarla al fondo, el delantero contactó mal el balón y lo sacó de la trayectoria, apagando una jugada que ya parecía destino de gol. La oportunidad más clara del partido se esfumó en un instante. Y con ella, dos puntos que podían ser asegurados.
La reacción de Cruz Azul: del banco al campo, pura incredulidad
La reacción inmediata fue tan impactante como la falla misma. En el banquillo, los jugadores no podían creer lo que acababan de ver. Algunos se tomaron el rostro, otros miraban al vacío, como intentando procesar lo ocurrido. La incredulidad se transformó rápidamente en frustración.
Nicolás Larcamón, sobre la línea de cal, fue el reflejo más claro del sentir del equipo. Hincado sobre una rodilla, hundió el rostro entre sus brazos, incapaz de ocultar el golpe emocional que significó esa jugada. No era una reacción exagerada. Era la descarga de semanas de tensión acumulada.
Afición al límite: críticas a Larcamón y al Toro
La reacción no se quedó en la cancha. En redes sociales, la afición explotó tras el empate y apuntó directamente a los responsables del momento que vive el equipo. Larcamón fue uno de los principales señalados por la falta de ideas y resultados.

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Pero el Toro Fernández tampoco se salvó. Su falla, catalogada por muchos como “inexplicable”, lo puso en el centro de las críticas tras dejar escapar una victoria que parecía hecha. La paciencia se agotó. Y la presión crece.





