Santiago Giménez aterrizó en Italia con la etiqueta de goleador y la ilusión de convertirse en figura del Milan. Sin embargo, apenas comenzada la temporada las cosas no han salido como lo soñaba. La derrota frente a Cremonese en la jornada inaugural pasó casi desapercibida en comparación con lo ocurrido en un entrenamiento, donde un accidente cambió el clima alrededor del mexicano.
Durante esa práctica, el choque con Ardon Jashari terminó en la fractura de peroné del suizo, un fichaje al que los rossoneri veían como parte clave de su renovación. El percance fue suficiente para desatar una tormenta en redes sociales, donde el Bebote quedó señalado. La jugada fue fortuita, pero en la tribuna y en internet el margen de paciencia suele ser mínimo.
El delantero, que alguna vez defendió los colores de Cruz Azul antes de emigrar al fútbol europeo, recibió una avalancha de mensajes cargados de enojo e insultos. Para algunos aficionados, la falta de gol en su debut liguero sumó combustible a la crítica.

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No todos fueron ataques, aunque sí la mayoría. También aparecieron voces que le recordaron al mexicano que la única manera de revertir este panorama es con rendimiento dentro del campo. Convertir goles y mostrar liderazgo serían las únicas herramientas capaces de darle vuelta a la percepción negativa.

Mientras tanto, el verdadero afectado es Jashari, quien apenas pudo disputar unos minutos oficiales con la camiseta del Milan antes de la lesión. Su irrupción en Italia tendrá que esperar, pese a que llegaba con credenciales sólidas desde el Brujas.
Los reportes médicos establecieron que la recuperación le demandará varias semanas, con la mira puesta en un regreso hacia finales de octubre. Ese margen coloca presión doble sobre Giménez: deberá cargar con la responsabilidad de aportar goles y, al mismo tiempo, lidiar con la sombra del accidente.